Bresson/Munkácsi

Martin Munkácsi (1930)

Extracto del libro Henri Cartier-Bresson, El disparo fotográfico.
Autor:Clément Chéroux

Henri Cartier-Bresson descubre en el volumen de 1931 de Arts et Métiers graphiques, una fotografía de Martin Munkácsi en que aparecen tres niños negros corriendo para zambullirse en las aguas del lago Tanganica. Para el joven de 23 años, es toda una revelación. Todos los elementos de la imagen lo impresionan: el contraste de los cuerpos con la espuma del agua, su gracioso encaje, su sutil dinamismo. No sólo le recuerda su experiencia en África, sino que, sobre todo, le muestra aquello que es posible hacer con una cámara fotográfica. Más tarde afirmaría: “De repente comprendí que la fotografía es capaz de fijar la eternidad en un instante. Es la única foto que me ha influido. En esta imagen hay tanta intensidad, tanta espontaneidad, tanta dicha de vivir, tanta maravilla, que me deslumbra todavía hoy. La perfección de la forma, el sentido de la vida, un escalofrio sin igual”.

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La simetría de Kubrick

“La simetría es una idea por medio de la cual, el hombre de todas las épocas ha tratado de comprender y crear la belleza, el orden y la perfección”.- Hermann Weyl.

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Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb. Stanley Kubrick(1964)

Y probablemente Stanley Kubrick fuera uno de los más destacados exponentes de esta afirmación en su época, cualquier intento de comprender el motivo por el cual Kubrick recurría a la simetría es pura especulación,  el complejo y profundo  desarrollo de su narrativa cinematográfica nos sugiere la utilización de la simetría como herramienta para poner orden en el caos, un punto de encuentro entre su mundo y el espectador.

El desequilibrio nos transmite  la sensación de ser algo transitorio y coyuntural, un paso intermedio hacia el estado de equilibrio y armonía, así lo dicta el aforismo del presocrático Heráclito de efeso: “Lo disgregador se reúne, de lo diverso nace la más bella armonía y todo se crea a partir de la discordia. El arte es armonía, por su parte es unidad de contrastes y unidad de semejantes, en el tono, en el color, en la linea”.

El desorden  conceptual provocado por la complejidad expresiva de algunas de sus películas encuentra en los planos estrictamente simétricos un bálsamo de comprensión para un público desbordado por la intensidad argumental de Kubrick.
Su magistral trabajo de dirección  ha dejado impregnados en nuestras retinas  un sinfín de planos memorables, intensos y milimétricamente calculados, donde el poder persuasivo de la imagen acompaña y refuerza su peculiar visión de la vida y su capacidad de contarla a través del séptimo arte. Su habilidad para  aunar todas las especialidades técnicas del cine le confiere una destreza comunicativa fuera de lo normal, capaz de indagar en el comportamiento del ser humano de manera personal, crítica e irónica. La violencia, la infidelidad, la bondad y la maldad, la guerra, el sexo y el deseo, el honor, son algunos de los temas recurrentes en la filmografía del que fácilmente podríamos etiquetar como uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempos.

Geometría en las imágenes

No en vano Henri Cartier-Bresson era fiel a su 50 mm, esta óptica le proporcionaba una cercana representación de lo que su ojo era capaz de resaltar entre la infinidad de experiencias vividas con una cámara en la mano. Acostumbrado  a esta longitud focal, logra dominar  formas y  espacios creando perfecta y bella armonía entre estos elementos con la finalidad de narrar la inmensidad de la vida. Nuestra mirada, filtrada a través de la óptica debería ser capaz de componer la escena de manera intuitiva, deberíamos ser capaces de permitir que  nuestro inconsciente se manifieste teniendo presente como reaccionan las formas dentro del rectángulo.

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Identical Twins, Roselle, New Jersey, DianeArbus (1967)

En el arte en general es posible afirmar que la belleza depende de la geometría, y en la fotografía en particular el uso que hagamos de ésta determinará su belleza, pero también debemos considerar lo que representa para cada uno de nosotros la belleza. Walt Whitman poeta y ensayista neoyorquino defendía una visión  mucho más amplia de lo comúnmente considerado bello:
No dudo que la majestad y belleza del mundo están latentes en cualquier minucia del mundo […]
No dudo que en las trivialidades, insectos, personas comunes, esclavos, enanos, malezas, desperdicios hay mucho más de lo que yo suponía […]

Es posible que la mirada del fotógrafo actual este  desorientada respecto a la búsqueda de la belleza, influenciados por el diluvio de  imágenes idealizadas al que estamos acostumbrados por las tendencias estéticas, la publicidad, el cine, la televisión, elementos en su mayoría de consumo que para bien o para mal intervienen en el proceso fotográfico. Un correcto uso de la geometría unido al pensamiento de Whitman podría abrir nuestras fronteras y conseguir ser capaces de retratar la belleza dentro de cualquier temática.

Diane Arbus  dedicó gran parte de su obra a retratar singulares personajes, enanos, gigantes, tatuados, gente marginada por aquel entonces y que Arbus consiguió inmortalizar creando imágenes sinceras, portadoras de verdad y  de belleza.
Susan Sontag en su libro Sobre la fotografía escribe estas palabras en referencia a Arbus:
Quien mejor para apreciar la verdad de los monstruos que alguien como Arbus, fotógrafa del mundo de la moda por profesión, falsificadora de la mentira cosmética que enmascara las incurables desigualdades de nacimiento, clase y aspecto físico.
Fotografiar algo bello no es exclusivo y determinante para conseguir una bella fotografía,  es posible sacar una bella fotografía a partir de elementos no tan bellos,  es entonces cuando la geometría nos muestra todo su potencial expresivo, quizás mostrándonos que la belleza reside más en la verdad que la imagen idealizada.

Henri Cartier-Bresson, una mirada surrealista.

El exquisito uso de la geometría unido a su ya conocido “instante decisivo” le confiere una genuina capacidad de transcender lo real a partir del impulso psíquico de lo imaginario y lo irracional (definición de surrealismo).

 La intuición, insubordinación, el azar o las coincidencias, la preeminencia otorgada a la experiencia vivida, son argumentos que defiende con su trabajo. Influenciado por el entonces incipiente surrealismo de la escuela de André Breton, su obra a lo largo de su vida  se convierte en un torrente de reflejos de realidad.
Parece ser  que el origen del término surrealismo procede de un texto para un programa de mano que escribió Guillaume Apollinaire para un musical llamado Parade en 1917 y  definía el musical como: (…) una alianza entre la pintura y la danza, entre las artes plásticas y las miméticas, que es el heraldo de un arte más amplio aún por venir. (…). Sin duda, el trabajo de Cartier-Bresson puede ceñirse a esta descripción, los personajes retratados por él aunque “congelados”en el tiempo parecen estar en continuo movimiento, capturados en el instante preciso de la interpretación de su propia gran obra,  su vida.

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Alicante, España. 1933

La luz como herramienta de expresión.

Quizás la luz sea el elemento mas determinante en una buena fotografía. Para tener un buen control de la actividad fotográfica hay que ser conscientes de su reacción en el entorno, con ella obtendremos información útil que nos ayudará a componer geométricamente la escena. La luz nos aporta la tercera dimensión en la percepción bidimensional que tenemos cuando visualizamos una fotografía, enfatiza la profundidad y el volumen.

Pero la luz no solo tiene la capacidad de estructurar la imagen geométricamente, además  desvela una cantidad de información muy sugerente para el que visualiza la fotografía. Texturas, colores y formas son descubiertas por la luz, provocando en el espectador la curiosidad, invitándolo a ser consciente de una realidad y participando en ella reconociendo un pasado, un presente o incluso sugiriendo un futuro.
Toda esta revelación de detalles lleva implícito un concepto temporal al cual hace referencia Walter Benjamin en unos artículos publicados en el semanario Die literarische Welt en 1931: … Todo estaba dispuesto para durar en estas fotografías tempranas. No solo los grupos sin par formados por personas ( y cuya desaparición ha sido sin duda uno de los síntomas más claros de lo ocurrido en la sociedad durante la segunda mitad del siglo); hasta se mantienen más tiempo los pliegues que un traje proyecta en esas fotografías. No hay más que observar la levita de Schelling: podrá con toda confianza acompañarlo a la inmortalidad; las formas que adoptó en su portador no valen menos que las arrugas de su rostro.

En esta última frase Walter Benjamin nos desvela la importancia y  transcendencia  que tiene el concepto del tiempo unido a la luz en la fotografía,  un momento en el tiempo perpetuado por la captura de una luz determinada, en un lugar determinado, a una hora determinada, en una época del año determinada. Una luz proyectada desde los pliegues de un traje,  capturada para atiborrar de distintos detalles la escena y poder así  componer la imagen, una luz reveladora que una vez perpetuada y prolongada en el tiempo permite que todos esos detalles equilibren su importancia.

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Fotograma de la película “Smoke”. Wayne Wang (1995)

Encontramos también una referencia a la relación que mantiene la luz con el transcurso del tiempo en el diálogo de una escena de la película Smoke de Wayne Wang y Paul Auster en 1995:

-No lo entenderás si no vas mas despacio.
-¿Que quieres decir?.
-Que vas muy deprisa, casi no miras las fotos…
-Pero, si todas son iguales.
-Todas son iguales pero cada una es distinta de las otras, tienes días nublados y días con sol, tienes luz de verano y luz de otoño, tienes días laborables y días festivos, tienes gente con abrigo y botas de agua, y tienes gente con camiseta y pantalón corto, a veces la misma gente, a veces otra diferente, a veces las personas diferentes se convierten en las mismas, y las mismas desaparecen, la tierra gira alrededor del sol y cada día su luz ilumina la tierra desde un ángulo distinto.
-Despacio, ¿no?
-Es lo que recomiendo, así es como es, mañana, mañana, mañana, el tiempo mantiene su ritmo.

Si a este concepto lumínico-temporal (esencial para la práctica fotográfica), le añadimos un criterio estético variable en función de la época que nos toca vivir, es probable que nos acerquemos un poquito más a los secretos de la fotografía.

Introducción

Existe algo intangible y mágico en la fotografía, difícil de definir, algo esquivo para la comprensión y el análisis superficial, algo que exige una mirada más próxima a la filosofía que a un simple examen técnico. Esta especie de mensaje subliminal nos aturde a todos por igual (desde el más insensible de los profanos hasta el más experimentado maestro), nos obliga a empatizar con el momento capturado y alivia nuestra maltrecha conciencia de la realidad.

Según Goethe: “Hay un delicado modo experimental de proceder, tan íntimamente identificado con el objeto que se convierte por ello en teoría”. En todo proceso creativo debe existir un estricto paralelismo entre la técnica y la experimentación, entre la práctica y la teoría, entre el respeto y la osadía.

Sergio Larraín fue certero en su reflexión cuando afirmó: “Una buena fotografía es creada por un estado de gracia. La gracia que se expresa en si misma cuando ha sido liberada de convenciones, libre como un niño en sus primeros descubrimientos de la realidad. El juego es entonces organizar el rectángulo”. Existe la posibilidad de experimentar la “íntima identificación con el objeto” a la que apela Goethe, “liberada de convenciones” como defiende Larraín y poder convertirnos así en dueños de nuestra propia teoría, asumiendo la fotografía como la más exacta representación de la realidad.

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Sergio Larraín, retratado en Londres en 1958